La politica local tiende a ser para mi motivo de desdicha, tal vez sea por la mediocridad de los dirigentes, o por la estupidez de los dirigentes o por la miseria de los dirigentes. Para ser justos digamos que es un poco de todo, o mejor, todo de todo.
Lo que indigna es ver cuanto se parecen aquellos que han hecho de la diferencia su discurso. Hoy día que candidatos, que un ex presidente, que la presidenta, digan que, si no ganan el país explota es, por lo menos, egoista. Es dificil imaginar como sembrar el miedo, relativizar la salud institucional de un país a una bandera política puede ser una expresión democrática. Pero las almas pequeñas generan estas situaciones.
Vale recordar que la alternancia en el poder es clave en la naturaleza de la democracia, de ahí la gravedad de negarla como posibilidad.
Si un dirigente político tuviera algo de calidad podría decir, tenemos que acelerar el cambio, la nación puede estar tranquila que hemos dejado bases sólidas casi a prueba de tontos. Sin embargo, ese tipo de expresiones solo se pueden encontrar en una persona que de verdad quiera a su país, sin importar si este elige o no su propuesta.
Cuando el pretendiente es rechazado la mira a la mina y le grita que no sirve, que es una porqueria. Entonces, ¿que era eso a lo que le llamaba amor?
Lo que hace más divertida a la situación es que, a pesar de la clase dirigente que tiene Argentina, desde hace ya varios años que hay algo que no ocurre. Y eso es el cambio de un modelo económico exitoso por razones políticas. Todos los cambios que hemos tenido han sido por crisis, y todas las lineas más o menos acertadas han pasado de una etapa a otra por la simple razón de que es un capital político que nadie desaprovecha. Incluso el modelo actual es una herencia.
El que se quiera vender a los votantes que un gobierno invento lo que ha sido fruto del esfuerzo de todos, es presuntuoso.
El que se diga que la democracia es solo una opcion entre varias en un comicio electoral, es una contradicción que sería graciosa, sino fuera porque viene a cuento de un intento de rapto emocional de la población. Ridículo, por cierto.
¿Esto supone que debería votarse a la oposcición? No. Solo implica que hay que elegir lo que se desee por convicción, sin miedo. Para nuestra fortuna el miedo es una técnica que tuvo su último triunfo en el segundo sultanato de Mendez. De ahí en más, solo ha sido un manotazo de ahogado.